Un sínodo diocesano «católico»
«Un sínodo diocesano no es una reunión democrática», señala categóricamente Mons. Hansen
Converso del luteranismo, el obispo de Oslo, Mons. Fredrik Hansen, que lleva solo un año al frente de su diócesis noruega, ya ha sido considerado por sus fieles como un pastor lleno de celo. Ha reactivado la marcha por la vida después de cuatro décadas suspendida, ha creado un lugar de oración por los cristianos perseguidos dedicado a la Virgen, ha pedido a los fieles que le escriban cuando encuentren dificultades para confesarse y ha facilitado la celebración con la liturgia antigua para los que quieran acudir a ella.
Ahora, siguiendo el ejemplo de San Carlos Borromeo, Mons. Hansen organiza un sínodo en el que pretende conocer mejor la realidad de la diócesis y debatir sobre como organizarla con una visión común, pero siempre dentro de la doctrina de la Iglesia y sabiendo que un sínodo no es una reunión democrática.
En el sínodo de Oslo, no se admitirán llamamientos a cambiar la doctrina de la Iglesia, como ha sucedido tantas veces en los sínodos de la última década. «Como obispo, también tengo la obligación de excluir del sínodo aquello que se oponga a la doctrina de la Iglesia o la ponga en duda», explica Mons. Hansen. «No nos corresponde decidir sobre fe y moral».
Con una visión tradicional de lo que es un sínodo diocesano, el obispo de Oslo apela al ejemplo de «los sínodos que convocó San Carlos Borromeo, el gran obispo reformador de Milán, siguiendo las directrices del Concilio de Trento». Servirá para contar con «una visión común y bien definida para la vida de la iglesia local: qué buscamos, hacia dónde queremos ir», porque la «construcción de la Iglesia aquí, en nuestro país y en nuestra diócesis, no es algo que se terminó con San Olaf».
Los dos puntos fundamentales del sínodo «serán la catequesis y la atención pastoral en diferentes idiomas», por la sencilla razón de que son esenciales para el trabajo que se realiza en las parroquias. Debido a que el luteranismo es la religión oficial de Noruega, gran parte de los católicos son inmigrantes y se requieren numerosas catequesis y misas en idiomas distintos del noruego.
«Un sínodo diocesano no es una reunión democrática», señala categóricamente Mons. Hansen, en referencia indirecta al proceso sinodal alemán, que ha terminado por convertirse en un asamblearismo revolucionario, donde nada es sagrado y todo puede cambiarse con un número suficiente de votos.
En el sínodo de Oslo, no se admitirán llamamientos a cambiar la doctrina de la Iglesia, como ha sucedido tantas veces en los sínodos de la última década. «Como obispo, también tengo la obligación de excluir del sínodo aquello que se oponga a la doctrina de la Iglesia o la ponga en duda», explica Mons. Hansen. «No nos corresponde decidir sobre fe y moral».
