Jesús en el Evangelio destaca al hombre honrado
Nos recuerda la importancia de la fidelidad a los dones recibidos
Homilía León XIV, Parque París Londres (Paysandú), Uruguay
Sábado, 7 de noviembre de 2026
Queridos hermanos y hermanas:
Esta es la primera Misa de mi visita que celebro en tierra uruguaya, gracias por estar aquí. Las lecturas que hemos escuchado nos describen la figura de un hombre justo, a quien el Señor ayuda y fortalece para que lleve adelante la misión que le ha sido encomendada. San Pablo, en la Carta que dirige a los filipenses, agradece el apoyo de la comunidad en su tarea misionera, consciente de que, en su pobreza, Dios es toda su riqueza, y su Divina Providencia se manifiesta a través de los hermanos a los que ha sido enviado.
El Salmo, por su parte, llama bienaventurado a quien ama la ley del Señor y cuyas obras son coherentes con su fe. Asimismo, Jesús en el Evangelio destaca al hombre honrado, que sirve a Dios y lo pone en el centro de su vida, y que es fiel en todo lo que se le confía, ya se trate de un asunto grande o pequeño.
Hoy, reunidos aquí en Paysandú para celebrar la Eucaristía, con la alegría de congregar en torno a una misma mesa a tantos fieles de la Iglesia uruguaya, así como a peregrinos venidos de países hermanos, la liturgia de la Palabra nos lleva a evocar la presencia en estas tierras rioplatenses de tantas personas de fe que, desde los inicios de la evangelización del continente, llegaron en nombre del Señor para anunciar la gran alegría que ellos mismos habían experimentado al encontrarse con Cristo. Como los ángeles a los pastores (cf. Lc 2,10), ellos transmitieron con gozo la buena noticia del Evangelio, expresando su fe a través de obras de caridad y misericordia.
En esta celebración también queremos recordar y dar gracias a Dios por la vida y el ministerio de un hijo de estas tierras, el beato Jacinto Vera, obispo de Montevideo, que fue un testigo coherente de la fe que anunciaba, generoso en la caridad y entregado totalmente a la misión apostólica. Desplegó su celo pastoral en todas direcciones y sin medir los sacrificios. Por ejemplo, acudía a atender a los enfermos a caballo, a pesar de las grandes distancias, de los peligros del camino y de las inclemencias del clima. El “obispo gaucho” recorrió tres veces el territorio uruguayo, llevando fe y esperanza a sus habitantes. Durante la histórica Defensa de Paysandú, en 1864, Mons. Vera se instaló en la Isla de la Caridad, frente a la ciudad sitiada, para atender a refugiados y heridos de ambos bandos. Allí se quedó hasta la caída del sitio para acompañar a su gente, suplicando en nombre de Dios que los ejércitos de hermanos se dieran el abrazo fraternal.
Queridos hermanos y hermanas: hoy nos corresponde a nosotros continuar el legado que estos sembradores del Evangelio nos han dejado, y debemos hacerlo teniendo en cuenta lo que nos dice la Palabra de Dios: con justicia, honestidad y fidelidad, conscientes de que el mensaje que anunciamos no nos pertenece. Es un tesoro que hemos recibido del Señor, y lo llevamos en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7).
Hay tres símbolos que caracterizan a esta región y que pueden ayudarnos a reflexionar sobre el tesoro de la fe que nos ha sido dado y la misión que hoy se nos confía. El primero es el puente, el segundo los palmares y el tercero el mate.
En esta ciudad de Paysandú se encuentra el Puente internacional General Artigas, que atraviesa el río Uruguay, uniendo dos países limítrofes. No es difícil imaginar los beneficios que genera un puente: apertura, comunicación, intercambio. Por eso, ¡qué importante es ser constructor de puentes! Esa es la vocación a la que todos estamos llamados: construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe, como lo hizo el beato Jacinto «a tiempo y a destiempo» (2 Tm 4,2).
Además, es necesario que el puente tenga buenos cimientos, para que no sucumba a las corrientes más enfurecidas. Ciertamente, así como la casa edificada sobre roca permanece firme en medio de la tormenta y la casa construida sobre arena corre el peligro de derrumbarse (cf. Mt 7,24-27), también un puente necesita los soportes adecuados para no desplomarse con la fuerza del viento y de las aguas. Cada vez que vayan a la costa y divisen el puente, recuerden que este símbolo nos representa y nos indica la importancia de una sólida formación cristiana. Necesitamos estar bien preparados para dar razones de nuestra fe a todo el que nos lo pida (cf. 1 P 3,15) y no dejarnos arrastrar «por cualquier clase de doctrinas extrañas» (Hb 13,9). Sólo así seremos instrumentos de unidad y vínculos de caridad.
Otro símbolo que caracteriza y embellece esta tierra son los palmares. Nos dice el libro de los Salmos que «el justo florecerá como una palmera» (Sal 92,13). Este árbol es resistente a la fuerza de los vientos, posee raíces profundas, se eleva rectamente hacia el cielo en busca de luz y produce el dulce fruto del yatay. Esta es una hermosa imagen del origen y el destino al que estamos llamados: arraigarnos en Cristo, Alfa y Omega, Principio y Fin de nuestra vida, para que, permaneciendo unidos a Él, demos buenos frutos (cf. Jn 15,5).
Al mismo tiempo, vemos que en esta región las palmeras no crecen aisladas, sino que forman palmares, es decir, son muchas, no están solas ni distanciadas. Así también la Iglesia es una comunidad de hermanos que hunde sus raíces y bebe de un manantial común: la Palabra de Dios, los Sacramentos, la oración y la acción caritativa, y sus fieles elevan su mirada para alabar juntos a Cristo, sol que nace de lo alto, cuya luz guía los pasos de la humanidad por el camino de la paz (cf. Lc 1,78-79).
Finalmente, pensemos en un símbolo que está presente en cada hogar de este país, en cada lugar de estudio y de trabajo, en cada reunión de amigos. Me refiero al mate, esa bebida tan típica de Sudamérica, cuyo significado profundo ustedes pueden explicar mejor que yo. Seguramente el mate los ha acompañado también hoy, en el viaje de camino a esta celebración, y los acompañará al regresar. ¡También hasta Roma ha llegado el mate!
El mate es signo de familiaridad, de amistad y de encuentro. Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan. Es signo de acogida, de integración y de valores comunes. “Tomar mate” es un ritual lleno de simbolismos, donde se dialoga sin palabras y cada detalle posee un significado propio. Pienso también en los mates que uno toma cuando está solo y que acompañan un momento de silencio y oración. En esos espacios de soledad, cuántas veces tantos de ustedes le habrán confiado a Dios sus preocupaciones y necesidades, sus deseos y anhelos más profundos.
Queridos hermanos y hermanas: necesitamos reflexionar sobre estos símbolos que nos son comunes, que nos dan identidad y sentido de pertenencia, que nos hablan de nuestros orígenes y nos proyectan hacia el futuro. También la fe forma parte del pueblo uruguayo desde sus orígenes, y es necesario transmitirla a las futuras generaciones con valentía creativa.
Jesús, en el Evangelio de hoy, nos recuerda la importancia de la fidelidad a los dones recibidos: «El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho» (Lc 16,10). Estas palabras las hicieron vida muchos hombres y mujeres, como el obispo Jacinto Vera, que fueron fieles a la vocación recibida y esparcieron las semillas del Evangelio en el alma del pueblo uruguayo. Esas semillas continúan vivas en la comunidad, pero es necesario seguir aportando las condiciones necesarias para que puedan crecer y expresar todo su potencial. Es necesario seguir formando en la fe a los niños y jóvenes, acompañando a las familias, sosteniendo a los ancianos y practicando las obras de caridad.
Queridos hermanos y hermanas: los animo a continuar la misión evangelizadora con entusiasmo. Sean puentes, para que muchos se encuentren con Jesús. Sean comunidad fraterna, que se reúne y comparte la vida y los proyectos, los sueños y las esperanzas, especialmente con los más necesitados. Sean comunidad orante, que mantiene el diálogo con el Señor “como un amigo habla con otro amigo” (cf. Jn 15,15). ¡Cristo cuenta con ustedes! ¡Cristo cuenta contigo!
Que nuestra Madre celestial, la Virgen de los Treinta y Tres, los proteja en el camino de la vida y los guíe siempre al encuentro con su Hijo Jesús.
