En vísperas de Halloween robo de Hostias
«Que los sagrarios estén absolutamente fijados con algún tipo de mecanismo…»
En el contexto creciente de la cristianofobia, que muchas veces se manifiesta en el ‘martirio de las cosas’, es decir, los ataques o profanaciones a símbolos cristianos. Y muy relacionada con la cristianofobia u odio a los cristianos se encuentra la Cristofobia, u odio a Cristo, que también se deja ver en el ataque a la Eucaristía. Detrás de los ataques a la Eucaristía suele encontrarse el satanismo, pues el demonio es el que más odia a Cristo.
Y más cuando se acerca el Halloween, en las que lo diabólico cobra protagonismo en algunas de sus manifestaciones.
Un caso acaba de producirse en una iglesia de Parla (Comunidad de Madrid), concretamente en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, cuyo sagrario fue robado esta semana con 30 formas consagradas en su interior, ha informado la Diócesis de Getafe en un comunicado.
El párroco Orlando Mateos ha explicado que el robo se produjo mientras se impartía catequesis a niños en las instalaciones parroquiales: «Entre el primer turno y el segundo turno de niños, cuando han llegado los del segundo turno a hacer la oración, el sagrario ya había desaparecido, pero es que nadie ha visto nada, nadie sabe nada».
En el portal Alfa y Omega, el sacerdote Jorge Castro, profesor de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra, explica algunas claves ante el robo de hostias y recomienda no cerrar las iglesias pero fijar los sagrarios y poner alarmas.
Respecto a estas profanaciones, explicó que se trata de «un delito que tiene la máxima pena entre las previstas, que es la excomunión latae sententiae; es decir, automática por el simple hecho de cometer el delito previsto. Así lo recoge el canon 1.382, como uno de los delitos contra los sacramentos —la terminología que se usa desde la reforma de 2021—. Esto es así tanto si se hace con fines sacrílegos o como desprecio. Esta es una pena que solo puede levantar el Papa a través de la Penitenciaría Apostólica. Sin una respuesta suya, el obispo no puede hacerlo.»
Agregó, entre otras recomendaciones, que «es muy importante que los sagrarios estén absolutamente fijados con algún tipo de mecanismo. Además, es bueno tener una puerta blindada y alarmas, incluso de proximidad para proteger un perímetro de unos metros porque así se evita cualquier intento de acercarse.
Vale la pena invertir en esto, y cuando hay parroquias pequeñas a las que les puede suponer un coste alto, es una oportunidad para que las diócesis negocien en conjunto con alguna empresa. Y no dejar de abrir las iglesias. Cerrarlas sería la victoria del mal», explicó.
