
El Papa ha necesitado oxígeno y una transfusión de sangre
Ha tenido una crisis respiratoria asmática y necesito oxígeno a alto flujo; que tiene anemia y padece dolor…
La última nota de la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha informado de que ha sufrido una «crisis respiratoria asmática prolongada». Aún así, «ha pasado el día en su sillón, aunque con más dolor que ayer»
El breve informe médico enviado a la prensa acreditada ante la Santa Sede reconocen que el Papa sigue en estado crítico y por lo tanto no está fuera de peligro; que ha tenido una crisis respiratoria asmática y necesito oxígeno a alto flujo; que tiene anemia y padece dolor desde el viernes 21 de febrero pero el sábado el dolor fue más intenso
los médicos que atienden al Papa reconocieron que el estado de salud del Papa es grave, hacia el final de la tarde del sábado 22 de febrero la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha dado un nuevo reporte en que se reconoce el estado crítico del Sumo Pontífice. “El estado del Santo Padre sigue siendo criìtico, por lo que, como se explico ayer, el Papa no estaì fuera de peligro”, dice la nota enviada a la prensa acreditada. “Esta manÞana, el Papa Francisco ha presentado una crisis respiratoria asmaìtica prolongada, que tambieìn ha requerido la aplicacioìn de oxiìgeno a alto flujo”, reconocen. También se informó que “Los anaìlisis de sangre de hoy tambieìn mostraron una plaquetopenia, asociada a anemia, que requirioì la administracioìn de hemotransfusiones” para después evidenciar que “El Santo Padre continuìa alerta y ha pasado el diìa en un silloìn, aunque con maìs dolor que ayer. Por el momento el pronoìstico es reservado”. De ese breve informe de prensa oficial se desprende que : 1) Reconocimiento de que el Papa sigue en estado crítico y por lo tanto no está fuera de peligro 2) Ha tenido una crisis respiratoria asmática y necesito oxígeno a alto flujo 3) Tiene anemia 4) Tiene dolor desde el viernes 21 de febrero pero el sábado el dolor fue más intenso Para comprender mejor el significado de los términos médicos Una crisis respiratoria asmática prolongada es un episodio severo de asma que dura un tiempo considerable y no responde bien a los tratamientos habituales. Durante esta crisis, las vías respiratorias se inflaman y se estrechan, lo que dificulta la respiración y puede llevar a una disminución peligrosa de los niveles de oxígeno en la sangre. En casos graves, como ha pasado al Papa Francisco, puede requerir la administración de oxígeno de alto flujo y otros tratamientos médicos intensivos. La plaquetopenia, también conocida como trombocitopenia, es una condición en la que hay un número anormalmente bajo de plaquetas en la sangre. Las plaquetas, también llamadas trombocitos, son células sanguíneas que ayudan a la coagulación de la sangre, lo que es esencial para detener el sangrado. Un bajo recuento de plaquetas puede provocar hemorragias excesivas y dificultar la coagulación adecuada.
La enfermedad del Papa «está contenida», pero de complicarse, podría derivar en una sepsis. Pasará otra semana ingresado
Médicos del Papa revelan que «no está fuera de peligro»
Rodrigo Moreno Quicios Alfa & Omega
«El Papa no está fuera de peligro», ha dicho Sergio Alfieri, el médico responsable de la recuperación del Papa Francisco mientras está ingresado en el Hospital Policlínico Universitario Agostino Gemelli de Roma. Durante una rueda de prensa a las puertas del hospital en la tarde de este viernes, el doctor italiano ha pronosticado que Francisco pasará una semana más ingresado.
Alfieri, quien ya ha custodiado la salud del Papa y compartido información con periodistas en ocasiones anteriores, ha explicado en qué consistiría el peor escenario de entre todos los posibles. Hoy por hoy remoto, pero que podría suceder. «Podría pasar que estos gérmenes, localizados en las vías respiratorias, pasen a la sangre. Cualquier paciente tendría una sepsis y, con sus problemas respiratorios y su edad, no sería fácil salvarlo». Es un escenario sobre el que Luigi Garbone, médico del Papa en Casa Santa Marta y también presente durante la rueda de prensa, ha matizado medio segundo después que «está contenido».
Garbone ha dado algún detalle más sobre el diagnóstico del Papa. «Tiene una patología crónica, bronquiectasia», es decir, una dilatación anormal e irreversible del árbol bronquial encargado de conducir el aire desde la tráquea hasta los pulmones. Y se complica por «una bronquitis asmatiforme que puede tener fases de agudización».
Con todo, su compañero Alfieri ha recalcado que Francisco «no está enchufado a ninguna máquina y respira espontáneamente». Solo en ocasiones muy puntuales, si tiene algún episodio asmático, «se conecta a una bombona para tener un poco más de oxígeno». El objetivo a abatir: eliminar los efectos más graves de su enfermedad y gestionar los crónicos en Casa Santa Marta. «Os pedimos tocar madera», ha encargado el doctor.
«El Papa quiere que digamos la verdad»
Según ha narrado Alfieri, «el Santo Padre me ha dicho: “Me doy cuenta de que la situación es grave”». Y ha reivindicado que todas las informaciones que hasta ahora se han compartido en los boletines difundidos por la Oficina de Prensa de la Santa Sede son ciertas porque «el Papa nos ha pedido que digamos la verdad».
Después, preguntado por los periodistas sobre por qué no se ha visto ninguna imagen de Francisco en su sexto día de ingreso hospitalario, ha lanzado esta comparación. «Si mi madre, que tiene 90 años, está en un hospital con una pulmonía bilateral, ¿cómo creen que estará? ¿Quieren ver una foto del Papa en pijama? Respetemos la privacidad de todos». Y ha asegurado que «cuando él se quiera hacer ver, se hará ver y vestido de Papa».
Los médicos también han explicado que Francisco no está encamado y que es pronto para saber de qué modo se producirá el rezo del ángelus el próximo domingo, aunque parece desaconsejable que se asome al balcón de su habitación. Finalmente, han pedido a los periodistas que «transmitáis fotos bonitas del Papa, tenéis muchas y eso le ayudará, y no hagáis fake news».

«El Papa se está recuperando, no inventemos cosas». Son las declaraciones que ha publicado esta mañana el diario La Repubblica de Giovanni Battista Re, decano del colegio cardenalicio y quien, en un hipotético y hoy no previsible fallecimiento de Francisco, tendría la responsabilidad de organizar un cónclave. En su entrevista con la prensa italiana, este purpurado de 91 años y recientemente renovado en su cargo reitera que «no hay que hablar de dimisión» y que el Papa «en pocos días volverá al Vaticano».
Son unas palabras que se suman a las de otros cardenales y colaboradores del Papa en los últimos días. Como las de Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, y que ha sacado a la luz de nuevo La Repubblica. En su opinión, «no veo por qué deberíamos hablar de dimitir». Califica como una «obsesión» los rumores sobre una renuncia y confiesa que «mi sensación es que Francisco quiere continuar su ministerio mientras tenga fuerzas».
También se pronunció ayer al respecto el cardenal Juan José Omella durante la presentación en el Vaticano del proyecto Med 25-Bella Esperanza con el que 200 jóvenes de diferentes culturas atravesarán el Mediterráneo en una goleta. En rueda de prensa, el arzobispo de Barcelona zanjó la polémica diciendo: «Qué manera de perder el tiempo». A su juicio, hoy día «todo el mundo puede opinar y decir la tontería que se le ocurre por la noche, de día y a mediodía». «Ya sabéis vosotros, que sois periodistas, cómo van las cosas», señaló. También reveló que está siguiendo con atención la evolución de Francisco por la prensa y «por lo que he podido captar, parece que va mucho mejor». Hizo hincapié en que la visita el pasado miércoles de Giorgia Meloni es «buena señal».
Por su parte, en Il Corriere della Sera, el cardenal Gianfranco Ravasi, quien fue presidente del Consejo Pontificio para la Cultura —hoy reorganizado como dicasterio— sí que reconoce que en un escenario futurible el Papa podría dimitir «si tuviera serias dificultades para cumplir su servicio». Aunque a renglón seguido matiza que «su gran deseo es cumplir al menos el Jubileo», que concluirá el 6 de enero de 2026. Con todo, su finalización no implicaría necesariamente una renuncia del Pontífice.