La vida no se negocia

La vida no se negocia

2 de marzo de 2026 Desactivado Por Regnumdei

En España el dictamen del Consejo de Estado pone de manifiesto cómo el derecho se descompone por los que deberían garantizarlo

Por Pilar Castañon


Esta semana hemos recibido con indignación el dictamen del Consejo de Estado sobre la inclusión del aborto como derecho en la Constitución. Bueno, reconozco que no esperaba otra noticia diferente pese a que la esperanza es lo último que se pierde, ya que por desgracia la cordura, la sensatez, la responsabilidad, eso de defender al débil, o lo toda la vida ha sido la coherencia, además de aquello de llamar a las cosas por su nombre, brillan por su ausencia, especialmente en la vida pública.

España tiene una de las tasas más bajas de natalidad de Europa, a pesar de ello, de nuestra pirámide invertida de población, de los problemas estructurales que representa esta situación para poder mantener las pensiones en una población cada vez más envejecida, y aunque solo fuera por ser pragmáticos, se empeñan en reconocer el aborto como un derecho en la Constitución, provocando un enfrentamiento en dicho texto con el derecho a la vida supuestamente garantizado en su artículo 15. Se reconoce la muerte directa provocada de una persona, única, con dignidad propia, que por estar en su estado inicial está indefensa, bajo el disfraz o el eufemismo de salud sexual reproductiva de la mujer, porque el derecho a la vida no existe para todos. No existe para los niños en el vientre de su madre porque, cómo son pequeños, no pueden opinar.

Esto, además, supone dar un baño ficticio de moralidad a una acción totalmente inmoral, con el consiguiente daño a la sociedad, que perdida entre lo que es malo y lo que es bueno, pierde el sentido de lo que es correcto y “merece la pena defender”.

Se reconoce la muerte directa provocada de una persona, única, con dignidad propia, que por estar en su estado inicial está indefensa, bajo el disfraz o el eufemismo de salud sexual reproductiva de la mujer, porque el derecho a la vida no existe para todos.

Es cierto que muchas mujeres se sienten empujadas a hacerlo desde el momento que reciben la noticia, sea porque el “padre” de su hijo no quiere ataduras, por sentirse solas y con pocos medios, o bien porque la enfermera, amiga, o persona de turno considera que una chica joven no debe ser madre, porque tiene que divertirse, o porque no está simplemente preparada para ello. Por definición, cuando alguien actúa bajo presión, no es libre, anula su capacidad para elegir libremente lo que desea, o incluso para poder actuar con coherencia y responsabilidad, especialmente cuando te acosan y te manipulan con ideas abstractas. Pero no por ello, el acto se convierte en ético aunque se haya convertido en algo normal por la presión ideológica.

Francia blindó el aborto en su Constitución hace dos años. El pasado año, el país vecino registró más muertes que nacimientos. En la actualidad Francia está enviando SMS a los jóvenes de 29 años, animándoles a tener hijos, y a congelar óvulos para tenerlos más adelante. Pero, ¿cuándo? Cuando ya no tengan edad para tenerlos y la biología les diga a esas mujeres que ya es demasiado tarde. Además de todo lo que conlleva esos procesos. Pero el cambio social que ha traído la imposición de la cultura de la muerte no se soluciona con un simple SMS, esto no es suficiente para solucionar la caída de natalidad, o incluso hacer ver a la mujer que el aborto o renunciar a la maternidad no es la única opción para una carrera profesional y, ni mucho menos, para la realización personal. El trabajo ayuda, pero no es ni mucho menos lo que nos realiza en plenitud, ni a unos, ni a otras. Lo más importante es el sentido que damos a nuestras vidas, y la realización debe ser integral, esta es la única realización propia del ser humano. Y si el ser humano aspira a su plenitud para ser feliz, solo podrá encontrarla viviendo para lo que fue creado. Nunca alcanzará la felicidad sometiéndose a ideologías que imponen formas de vida alejadas de lo que somos realmente: humanos formados por alma, cuerpo y mente.

Es fácil eliminar algo del cuerpo, pero eliminarlo de la mente y el alma no es tan fácil, y lo que se considera libertad para la mujer, solo la encadena.

La imposición de una visión meramente ideológica de los derechos humanos nos aboca a la traición a los mismos y, en definitiva, a su eliminación.

En este sentido, es curioso recurrir al reconocimiento del derecho al aborto como salud para la mujer cuando es reconocido el daño directo que produce. Es el falso feminismo que destruye a la mujer en lugar de ayudarla en las etapas en que necesitaría más apoyo. Es un falso feminismo que intenta equiparar a la mujer al hombre, que se convierte en el modelo ideal, ya que no puede engendrar ni parir.

Leyes que justifican la muerte de un ser indefenso, acciones que no se ven porque terminan en la basura, traen sociedades infértiles y desquiciadas que no podrán obviar el daño real que se produce a la mujer que lo realiza que, como ser humano que es, dotado de mente, cuerpo y alma, el daño se produce en estas tres dimensiones que nos conforman integralmente, y no podemos disociar lo que somos aunque queramos.

Ante esta situación la Asamblea de Asociaciones por la Vida, la libertad y la Dignidad denuncia la gravísima decisión del Consejo de Estado, de avalar la inclusión del aborto en la Constitución.

Lo que se presenta como un avance es, en realidad, el mayor retroceso de la humanidad y, en concreto, de los derechos y apoyos que garanticen la verdadera igualdad de la mujer.

La Asamblea por la Vida, la Libertad y la Dignidad denuncia con firmeza la gravísima decisión del Consejo de Estado de avalar la inclusión del aborto en la Constitución.
Lo que se presenta como un avance es, en realidad, un intento de blindar ideológicamente una práctica que afecta al derecho más básico: el derecho a la vida.

No se trata de una cuestión técnica. No es un simple ajuste jurídico.

Es una redefinción profunda del fundamento moral y constitucional de nuestra convivencia.

Pretender introducir el aborto en el artículo 43 -relativo a la protección de la salud- es un atajo inaceptable. Si se quiere alterar el equilibrio constitucional en materia de vida humana, debe hacerse por la vía agravada correspondiente, no mediante fórmulas indirectas que esquivan el debate de fondo y la exigencia de consenso cualificado.

Blindar el aborto en la Constitución no amplía derechos: consagra la exclusión del más vulnerable.

La Constitución nació para proteger, no para jerarquizar vidas. Si el derecho a la vida queda subordinado a mayorías coyunturales, dejamos de hablar de derechos fundamentales para hablar de imposiciones ideológicas.

Demandamos a las Cortes Generales que asuman su responsabilidad histórica y rechacen cualquier reforma que erosione el fundamento mismo del orden constitucional.

No aceptaremos que se utilice la Carta Magna como herramienta de ingeniería social.

No aceptaremos que se silencie a millones de ciudadanos

No aceptaremos que la vida del no nacido quede constitucionalmente desprotegida.

La vida no se negocia.

La dignidad no se vota.

La Constitución no se manipula.


Pilar Castañón