La Agenda 2030, colonialismo ideológico

La Agenda 2030, colonialismo ideológico

5 de mayo de 2026 Desactivado Por Regnumdei

Monseñor César García Magán, ha advertido del riesgo de colonización ideológica que supone parte de la Agenda 2030.


«La Agenda 2030 es muy amplia y plural, y algunas iniciativas de las que el Papa ha hablado, como el Pacto Global educativo, son asumibles, como también todo lo que implica la dimensión de cuidado de la naturaleza en la que Francisco es pionero y ha abierto un capítulo nuevo dentro de la Doctrina Social de la Iglesia. Pero, por otra parte, hay ese peligro del fenómeno de la globalización, un fenómeno ambivalente porque tiene cosas positivas. Estamos ciertamente en la aldea global y una de las características de esa aldea global y uno de los elementos es la globalización de la información», ha declarado García Magán a la agencia Servimedia.

Se experimenta la presión que reciben esos países menos desarrollados por parte de multinacionales.

García Magán ha señalado, desde su experiencia diplomática en el tercer mundo , que en muchas ocasiones se «experimenta la presión que reciben esos países menos desarrollados, no solamente por parte de otros países, sino de multinacionales, de intereses comerciales, pues quieren interactuar en políticas sociales de ese país e imponer modelos culturales de familia, etcétera, que poco tienen que ver con esa identidad. Hoy somos especialmente sensibles a la ecología y a preservar las especies que están en peligro de desaparecer, pues el Papa precisamente en su encíclica Laudato si habla de la ecología humana integral».

Además, García Magán ha recordado que «hay que proteger al ser humano y a los grupos humanos que aunque sean minoritarios, sea por razones de religión, de ideología, de lo que fuera, merecen no ser arrollados por ese peligro de nuevo colonialismo que, a veces, puede implicar el globalismo».

En particular, el presidente del Global Center for Human Rights destaca cómo «en la mayoría de los países de Hispanoamérica, del Caribe y África, la gente tiene valores y una fe arraigada, y no quieren saber nada de temas de aborto». Por ese motivo, los promotores de esa agenda radical utilizan lobbies de presión «para saltarse a los parlamentos nacionales, donde cada vez que llevaban estos temas, fracasaban».

Schuff denuncia cómo, a través de «estrategias manipuladoras» del lenguaje y presentando «metas utópicas» imposibles de rechazar, los promotores de la Agenda 2030 están intentando chantajear a los países de Hispanoamérica, que sólo encuentran hoy una voz discordante en las enseñanzas de la Iglesia.

«El catolicismo nunca creció ni se hizo fuerte negociando con los poderes del mundo, o tomando sólo las cosas buenas que están en ciertas doctrinas, sino que se ha fortalecido cuando frontalmente dice la verdad; el catolicismo sólo atrae por decir la verdad», explica. Por eso, reclama no «tratar de ‘bautizar’ una agenda que está mal parida, y que tiene intrínsecamente esas semillas del mal», sino «decir la verdad acerca de lo que pasa».

Según la web del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible «persiguen la igualdad entre las personas, proteger el planeta y asegurar la prosperidad como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible», y añaden que se trata de «un nuevo contrato social global que no deje a nadie atrás». ¿Cuál es -uno diría- el problema?

Antonio María Domenech empieza ofreciendo una clave: la Agenda 2030 y los ODS se presentan «con apariencia de bien». Patxi Bronchalo añade que leyendo los 17 ODS «más o menos todos estaríamos de acuerdo», pero destaca que estos se desarrollan después en 169 metas o sub-objetivos en los que empieza a descubrirse el pastel. «Bajo esa apariencia de bien -señala-, la Agenda 2030 mete una antropología».

La antropología de la Agenda 2030
Para el padre Jesús Silva, el problema es este: que la Agenda 2030 trae consigo una antropología, una concepción del hombre, que no es cristiana, ni mucho menos. «En la Agenda 2030 hay una concepción de que el hombre se hace a sí mismo, y de que no estamos condicionados por la biología, ni por la raza ni incluso por la especie», señala, y lo compara con la visión católica.

«Los cristianos consideramos las cualidades que nos vienen dadas -sexo, raza, cultura, lugar de nacimiendo- como un don de Dios, y tenemos que aceptarlas para desarrollar lo que estamos llamados a ser», recuerda Silva. Por eso -continúa- en la antropología «transhumana» de la Agenda 2030 hay un «grito como el de Satanás: ‘¡Non serviam!’, «no acepto la voluntad de Dios».

En concreto, los tres sacerdotes identifican tres grandes discrepancias o puntos conflictivos entre los ODS y el magisterio católico. En primer lugar, el quinto objetivo, «igualdad de género». «Si hablamos de hombre y mujer como diferentes y complementarios, pero iguales en derechos y en dignidad, estamos de acuerdo, pero los problemas empiezan cuando metemos el tema de la ideología de género y decimos que cualquier estilo de vida, modelo de familia o matrimonio es válido», explica Silva.

Domenech reflexiona sobre el fundamento bíblico de la distinción de sexo -«hombre y mujer los creó»- y lamenta que «hoy la gente niega la existencia de la ley natural». «La ideología de género -apunta Bronchalo- viene a decir que tienes que escoger tu género al margen de tu realidad biológica», y contrapone a ello la concepción cristiana: «Nuestro cuerpo, nuestra naturaleza, nos cuenta una historia».

Para Silva -que asegura que tras la Agenda 2030 hay lobbies de presión como la masonería o el Club Bilderberg- la lucha por la igualdad de género supone una herramienta en la imposición del «pensamiento único». «Le dan a la gente un enemigo falso para que tengan algo por lo que pelear, y piensen que están cambiando el mundo por llevar una banderita o usar cuatro siglas», dice.

La reducción de la población mundial
Otro punto conflictivo que identifican los tres sacerdotes es la reducción de la población mundial, que -dicen- está presente cuando la Agenda 2030 habla de reducir la pobreza, de salud sexual y reproductiva o del medio ambiente. «Se mete la idea de que el hombre es como un virus o un cáncer que está matando el planeta, una concepción del ser humano como una plaga que debería pedir perdón a la Madre Tierra y desaparecer», argumenta Silva.

Además, insiste, esta mentalidad va ligada a la promoción del aborto: «Como somos demasiados, hay que eliminar a los que sobran, que son los pobres y los hijos no queridos». Silva señala que esto responde a «haber desvinculado la sexualidad del amor, del vínculo y de la vida», y recuerda que para los católicos «la verdadera salud sexual es que a ti el sexo te dé vida, te haga ser feliz, y eso nosotros creemos que se realiza en el matrimonio cuando es un acto fecundo, de entrega y amor, abierto a la vida».

«Cuanto más destruida está la familia, más rota está la gente», concluye Bronchalo, y – citando al papa Francisco- lamenta la «colonización ideológica»que supone la Agenda 2030. A menudo -critica- se condicione la oferta de ayudas a gobiernos de países más pobres a la aceptación de estos postulados ideológicos.



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Agenda 2030: Colonialismo