Imágenes cubiertas en Cuaresma

Imágenes cubiertas en Cuaresma

22 de marzo de 2026 Desactivado Por Regnumdei

Desde el V domingo de Cuaresma, los crucifijos y cruces de las Iglesias se cubren hasta el final del Viernes Santo, cuando se celebra la Pasión del Señor.


Es común ver que durante la Semana Santa las imágenes de los templos son cubiertas con una manta color morado, color propio de los tiempos penitenciales de la Iglesia. ¿Pero qué significado tiene esa acción dentro de la Iglesia? ¿A qué reflexión debe llegar el cristiano cuando en Semana Santa vea las imágenes cubiertas? Inclusive en nuestros tiempos muchos ignoran el significado de estas prácticas propias de la Iglesia.

Rezar por la Pasión y la Resurrección de Cristo
Esta costumbre de la Iglesia Católica encierra varios significados y honra una tradición de siglos. Según los escritos del Abad Prosper Guéranger (siglo XIX), esta ceremonia “expresa la humillación a la cual nuestro Salvador se sometió, como es relatado en el Evangelio del Domingo de la Pasión del Señor”.

Se cubre con velo la Santa Cruz. El objeto casi único de la meditación durante esos días serán la Pasión y la Resurrección de Cristo. “Cielo de la santa Iglesia – dice Abad Guéranger – se torna triste y sombrío”. En el centro de la liturgia se yergue la santa Cruz, en cuyo honor se entonan himnos de penitencia y misericordia. Hay indicios exteriores de duelo: las imágenes de los Santos cubiertas, pues la Iglesia no quiere distraer su mirada con las bellas esculturas, con los esplendores del arte, ni siquiera con los metales que adornan el signo de la Cruz.

Días de duelo en la Iglesia

Desde el V domingo de Cuaresma, los crucifijos y cruces de las Iglesias se cubren hasta el final del Viernes Santo, cuando se celebra la Pasión del Señor. En concreto, hasta el momento en el que el diácono o el sacerdote proclama tres veces, mientras descubre la Cruz: He aquí el leño de la Cruz, en la que estuvo clavado la Salvación del mundo. Dicha ceremonia, y la propia oración, no tendría sentido si la cruz no hubiera estado velada previamente. El resto de las imágenes siguen veladas hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.

Son días de duelo y la Iglesia se cubre con el velo de la viudez. El tiempo de Pasión está consagrado de un modo especial al recuerdo de los sufrimientos de Cristo por el que hemos obtenido la redención. Cuando veamos el templo vacío, porque ninguna de las imágenes sea visible, pensemos que eso sucede en la Iglesia cuando Cristo no está. Si Jesús no hubiera resucitado, nuestra fe sería vana, y las imágenes en el tempo no tendrían ningún sentido.

Esta vieja costumbre de velar imágenes religiosas, tiene por intensión el ayudarnos a enfocarnos en el aspecto penitencial de esta temporada litúrgica. Nos recuerda de una manera visual que nuestra fe en toda su gloria solo es posible a través de la obra de Cristo en su sufrimiento y muerte en la cruz.

Así como la Iglesia de cierta forma “simplifica” el santuario en estas últimas semanas de Cuaresma con el fin de centrarse en el aspecto penitencial de la temporada, también podemos simplificar nuestros hogares cubriendo con ropas moradas los crucifijos y otras imágenes sagradas. Nos recuerda que Jesús ocultó su gloria durante su Pasión, así también escondemos nuestros objetos religiosos para prepararnos a centrarnos en su Pasión y honrarla.

Una tradición de la Iglesia que inicia desde el V Domingo de Cuaresma hasta el Viernes Santo. Las imágenes se cubren con telas moradas por tres razones principales:

  1. Evitar distracciones: Para que el creyente se enfoque más en el Evangelio y su conversión.
  2. Signo de penitencia: Nos recuerda que no somos dignos de contemplar a Cristo y sus santos.
  3. Símbolo de duelo: Es como un velo de viudez por la Pasión de Cristo. El templo vacío nos recuerda que sin Jesús, todo pierde sentido.

Al cubrir estas estatuas, recordamos las palabras de San Pablo, quien escribió a los Corintios: «Anunciamos a Cristo crucificado» (1 Corintios 1:23). La Cuaresma es un tiempo para adentrarnos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Al velar las estatuas, entramos simbólicamente en la oscuridad del sepulcro, reconociendo la ausencia física de Cristo durante su tiempo en el desierto y su sacrificio supremo en la cruz.

Pero este acto de velar las estatuas no pretende sumirnos en la desesperación ni la tristeza. Al contrario, es un llamado a la reflexión profunda y a la renovación espiritual. Nos invita a despojarnos de las distracciones del mundo y a centrarnos en el profundo misterio del amor de Dios revelado en el sacrificio de Cristo. Al transitar por el desierto de la Cuaresma, estamos llamados a imitar la humildad y el amor abnegado de Cristo. Así como él abrazó voluntariamente la cruz para la salvación de la humanidad, también nosotros estamos llamados a tomar nuestra cruz y seguirlo. Al cubrir las estatuas, recordamos el llamado a abrazar la austeridad de la Cuaresma —ayuno, oración y limosna— mientras nos esforzamos por acercarnos más a Dios y a los demás.

Pero incluso al contemplar la oscuridad de la tumba, lo hacemos con la esperanza de la Pascua en el horizonte. El velo que cubre las estatuas es solo una medida temporal, un preludio a la gozosa celebración de la Resurrección de Cristo. Así como el velo será retirado el Domingo de Pascua, la luz de Cristo atravesará la oscuridad del pecado y la muerte, trayendo nueva vida y esperanza a todos los que creen.

Al transitar este tiempo de Cuaresma, abracemos el simbolismo de las estatuas cubiertas como recordatorio del sacrificio de Cristo y nuestro llamado a la conversión. Despojémonos de las distracciones del mundo y profundicemos nuestra relación con nuestro Señor crucificado y resucitado. Anhelemos con ilusión la alegría de la Pascua, cuando se levante el velo y contemplemos la gloria de nuestro Salvador resucitado.

Con todo sentido, por lo mismo, el Domingo V de Cuaresma, se expone el «Velo de la Verónica».
Todos los rostros e imágenes se cubren, apagan y callan, para que solo el rostro de Cristo sufrimiento, que contemplamos por el testimonio del Evangelio y la Liturgia tome el lugar predominante en la Iglesia.

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