Eclipse de la objetividad científica en el ámbito legal
Basándose exclusivamente en percepciones subjetivas o constructos de identidad de género, se socava la estabilidad y la coherencia del propio sistema jurídico
Fuente: bioteicaweb
En mayo de este año, se han presentado en Australia dos proyectos de ley que se enfrentan a la legislación de la última década referida a las cuestiones relacionadas con el sexo y el género. La propuesta de la Australian Family Coalition (AFC), se ha tenido que enfrentar al tabú social de que reconocer la realidad biológica sea «activismo de ultra derecha».
El problema de fondo es que en el debate contemporáneo sobre los derechos civiles y las políticas públicas, se observa una preocupante desconexión entre el ordenamiento jurídico y los fundamentos de la ciencia real. Tradicionalmente, el derecho ha operado bajo la premisa de que las leyes deben reflejar y regular realidades objetivas y preexistentes. Sin embargo, las corrientes ideológicas actuales presionan de manera sistemática para que la legislación ignore la antropología más básica y, específicamente, la realidad biológica del sexo humano.
El principio de que el ser humano es una especie caracterizada por el dimorfismo sexual (masculino y femenino) no es una postura meramente ideológica o cultural; constituye un hecho científico indiscutible, codificado en nuestra genética, nuestra anatomía y nuestra fisiología reproductiva. Cuando las leyes comienzan a redefinir nociones fundamentales como «hombre» o «mujer» basándose exclusivamente en percepciones subjetivas o constructos de identidad de género, se socava la estabilidad y la coherencia del propio sistema jurídico.
Desde la perspectiva de la bioética y el bioderecho, este giro plantea dilemas profundos. La ley no posee la facultad ontológica de alterar la naturaleza de las cosas; cuando lo intenta, genera lagunas conceptuales y desprotección social. El reconocimiento legal del sexo biológico no es un acto de exclusión, sino un ejercicio de realismo necesario para garantizar la justicia y la protección de los derechos específicos de cada grupo, especialmente de las mujeres y la infancia.
Consecuencias de legislar de espaldas a la biología
La insistencia en desvincular el marco legal de la verdad biológica produce distorsiones palpables en diversos sectores de la sociedad:
La vulneración de los espacios diferenciados por sexo: La creación de entornos protegidos para mujeres (refugios, prisiones o vestuarios) responde a una necesidad histórica y biológica de salvaguardar la intimidad y la seguridad. Sustituir el criterio del sexo biológico por el de identidad autpercibida diluye por completo el propósito original de estos espacios.
La equidad en el deporte: El deporte femenino se estructuró sobre la base de diferencias fisiológicas innegables (densidad ósea, masa muscular, capacidad cardiovascular) para permitir una competencia justa. Ignorar estas diferencias en aras de normativas ideológicas destruye el mérito y el principio de igualdad de condiciones para las atletas.
El ámbito médico y sanitario: En medicina, el sexo biológico es una variable crítica. Hombres y mujeres presentan diferentes predisposiciones a enfermedades, respuestas a fármacos y requisitos diagnósticos. Un marco legal que relativice el sexo biológico dificulta la recopilación precisa de datos epidemiológicos y puede comprometer la calidad de la atención médica basada en la evidencia.
Hacia una bioética del realismo jurídico
Frente a esta deriva, resulta imperativo defender lo que podemos denominar el «realismo jurídico-biológico». Los comités de bioética y los legisladores tienen la responsabilidad compartida de recordar que el progreso social no puede construirse sobre la base de la negación de la evidencia científica.
La compasión y el respeto debido a la dignidad de toda persona humana —principios nucleares de la bioética— no exigen la falsificación de la realidad. Al contrario, una sociedad verdaderamente justa y compasiva es aquella que fundamenta sus leyes en la verdad, ofreciendo apoyo y protección a los vulnerables sin necesidad de subvertir las leyes de la biología que nos definen como especie. El desafío actual estriba en restaurar el sano juicio en las políticas públicas, devolviendo a la ciencia y a la naturaleza el lugar que legítimamente les corresponde en la configuración del derecho.
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cfr. Rod Lampard, The Australian Family Coalition Defies ‘Far-Right’ Smears, Urges Aussies to Back Biological Reality Laws
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